martes, 17 de marzo de 2009

Delmira Agustini


De pequeña tenía un sueño recurrente: sabía volar. Lo más maravilloso era que al despertar no sufría ninguna frustración por saberme terrestre. Me quedaba quieta y trataba de recordar la sensación de haber estado flotando en el aire como algo fascinante. En verano, cuando iba a la pileta, me gustaba sumergirme y allí abandonar el peso de mi cuerpo creyendo que volaba. La ausencia de los apoyos. Actuar es volar para mi cuerpo y mi mente. Es un estado de liberación y elevación que dura un tiempo y es un lugar -o un sueño- al que puedo volver. Perderme en la vida de un personaje es la enajenación más perfecta que puedo imaginar.
En "La Pecadora" Lorenzo nos mira desde otras latitudes, ve cómo cuatro almas deambulan en escena y marca, con su agudo pincel, un camino que va entretejiendo los dramas de esta historia.


Romina Moretto

Actriz

La Madre


En estas diez líneas trataré de ser lo más precisa y sincera...Lo que se vivió en más de treinta años de vida en el teatro...no soy escritora... me resulta un tanto extraño...aunque el reto me apasiona y junto nombres, Susana Torres Molina, Tina Serrano en un momento en España, premios muy valorados en ese momento... Pacho O´Donnel, comprometiéndose con una obra que nos llevaba junto a Cristina Rot de giras por pueblos españoles, eran los años 70-80 y viajábamos junto a Lorenzo Quinteros en un avión fantasma que nos llevaba a Londres, festivales como el de Avignon, Montepulciano, Latin American Center... y seguíamos andando con nuestros sueños y sufrimientos de jóvenes amantes del teatro... Ure...en un Strimberg que me marcó profundo ... trabajar con Cristina Banegas... y sigue ardiendo el fuego...en un caleidoscopio como con mis personajes tan diferentes y parecidos a mi...


Lina De Simone

Actriz

Manuel Ugarte


Leí una vez, como si lo hubieran escrito para mí: “…mi alma mientras tanto se escurre en sueños ajenos”. Acordé inmediatamente. Este capricho de mi felicidad, hizo que me encontrara entre actores, que es uno de los lugares que pude ir habitando. Un andar curioso en la periferia de lo único, que me deja en la escena a merced de la verdad irreprochable de la ficción. Agradezco esta pasión. Si uno no es agradecido con sus pasiones termina frío, arrinconado por el sentido común. Delmira pudo haber sabido de esto, pero a veces las épocas nos inmolan y antes de tiempo, sobre todo antes de tiempo, queda solo la literatura. Tendré recuerdos de Agustini, y casi como Ugarte, intentaré llevármelos conmigo. No es para menos.

Alejandro Sanchez Olea

Actor

Enrique Reyes


Siempre he sentido a la actuación como un juego. Un juego serio e inquietante, pero un juego al fin.
Tal vez Delmira haya tenido una percepción similar respecto a la poesía, tal vez no.
Un siglo después, al buscarla, vuelve a aparecer una mujer explosiva, arenosa y chispeante. Nos enfrenta a nuestros miedos, nos golpea la cabeza, nos llena de vacío.


Ezequiel Campa

Actor

jueves, 12 de marzo de 2009

Apuntes para una puesta en escena


La obra abarca un período de la vida de Delmira Agustini, extraordinaria poetisa uruguaya nacida en 1886 y muerta trágicamente el 6 de julio de 1914, a causa de una bala disparada por su ex marido y amante en ese momento, Enrique Job Reyes, quien segundos después se mata a su vez, cerrando una relación amorosa signada por oscuras contradicciones. Adriana Genta construye la dramaturgia desde el momento (1911) en el que Delmira , viviendo con su madre y próxima a casarse con Job Reyes, es visitada en su casa montevideana, por el escritor y político argentino Manuel Ugarte, quien ejerce sobre ella una atracción amorosa que hace temblar su compromiso. Le escribirá después de su casamiento: “…usted hizo el tormento de mi noche de bodas y de mi absurda luna de miel.”
La breve historia de Delmira, una aparente señorita consentida de la burguesía provinciana, está movida por profundas pasiones, expresadas en una obra poética ardiente y sensual que sorprende a sus contemporáneos provocando tanto el rechazo como la ferviente admiración. Pero su vida interna, sus poseídos desvelos, su sexualidad desbordante, no sólo viven en sus letras; su vida rápidamente se parece cada vez más a su poesía. El cuerpo de Delmira, sonámbulo de sus deseos, verdaderamente quiebra las reglas de su época, no lo hace sólo en el ámbito de la literatura - donde también otros lo pueden experimentar en las estéticas de ese tiempo histórico - , lo lleva inexorablemente a su existencia. Se casa para despreciar el matrimonio, se enamora de lo prohibido. Regresa a la carnalidad con el mismo hombre a quien le pide el divorcio, afirmando la pasión sin reglas.
En pocos años deja de ser una “nena” como la llamaban los íntimos para convertirse en una mujer apasionada. Y esa mujer/nena arrastra a los enamorados de ella, a Enrique, que de ser un desabrido rematador de feria se convierte en un furioso asesino que la inmola inmolándose, en una escena que – recordando a Otelo mata al amor en su mismo lecho --; a su madre, abnegada y absorbente mujer que la guardará y ofrecerá como su propio tesoro sexual repremido.
Todos los personajes de esta obra – incluso Ugarte que con sus ideas americanistas encuentra y proclama en Delmira un blasón poético – terminan poseídos por la pasión.
Procuraremos crear desde la puesta, el espacio y los sonidos propicios para la sensualidad y la muerte, e intentaremos que la pasión viva en cada cuerpo mientras respire atracción por otro cuerpo y por su ausencia, mientras haga de su vivir algo inexplicable, hasta encontrar sólo en la muerte el deseo de lo imposible. “La pecadora” es una aspiración enloquecida e irrealizable: la vida como poesía. En ese destino siempre se muere sin tranquilidad. Delmira lo asumió hasta el final, los que la acompañaron con vehemencia en su historia personal, también. Los espectadores, quizá comprueben, que si se vive intensamente, el amor vive, aún muriendo.


Lorenzo Quinteros
Director

lunes, 9 de marzo de 2009

Porqué Delmira


La Pecadora llegó a mis manos por azar, entre clásicos y nuevos autores, libros virtuales y toda una extensa búsqueda que había comenzado y que no se detendría hasta dar con el material que mi espíritu necesitaba por ese entonces... ¿pero qué quería? ¿tras qué tipo de obra estaba? No podía definirlo, pero sabía que al encontrarla diría “tras esta obra...” De pronto, entre grandes o anónimos autores un título, al menos sugerente, llamó mi atención. Debo confesar que de Delmira Agustini lo único que conocía era uno de sus no mejores poemas que había leído en mi adolescencia en una antología de Poemas de Amor, que mi madre me había regalado. Mi memoria recordaba su nombre, como el de otras poetas que marcaron mis sueños más románticos, pero ignoraba por completo que detrás de ese nombre había una historia apasionante. La lectura de la obra duró un tiempo que no podría definir con exactitud. Recuerdo que era domingo, hacía frío y estaba muy nublado, amenazando lluvia. Sé que comencé a leer tranquila, tomándome mi tiempo para incorporar los personajes, los datos históricos, y que terminé turbada, como una sensación extraña. Me había conmovido. El pulso se me había acelerado, y varias veces durante su lectura me había invadido el llanto y la pasión. La Pecadora me había arrastrado hacia su mundo, hacia el mundo de las evocaciones poéticas y la locura. Esa era la obra que buscaba, ya no tenía dudas... Quedaba una tarea: convencer a Lorenzo Quinteros para que se hiciera cargo de la dirección. ¿Le atraería a un hombre con tanta experiencia contar la tragedia de una poeta uruguaya que murió en plena juventud? Temí que rechazara mi propuesta, temí tener que guardar en mi cuerpo las tantas sensaciones que la obra me había regalado en su lectura. Como actriz no hay manjar mayor, pensaba... pero ahora esperaba su veredicto. Lorenzo leyó el material conmigo enfrente. ¿Sugestión?... no sé, pero surtió efecto. Dijo que sí. Lo primero que hizo fue contactarse con su autora. ¿Y si ella decía que no?... cuántos temores y cuántas ganas. Adriana Genta, del otro lado del teléfono se mostró feliz de que nuevamente un director de la talla de Quinteros la llevara a escena, ya que la obra se había estrenado aquí hacía 10 años. Adriana sabíaque Lorenzo le aportaría su arte. Sabía seguramente, que de la conjunción de un material escrito por una mujer y la dirección de un hombre, iba a resultar algo bueno. Se apostó a eso, y el proyecto tomó vida...

domingo, 8 de marzo de 2009