lunes, 9 de marzo de 2009

Porqué Delmira


La Pecadora llegó a mis manos por azar, entre clásicos y nuevos autores, libros virtuales y toda una extensa búsqueda que había comenzado y que no se detendría hasta dar con el material que mi espíritu necesitaba por ese entonces... ¿pero qué quería? ¿tras qué tipo de obra estaba? No podía definirlo, pero sabía que al encontrarla diría “tras esta obra...” De pronto, entre grandes o anónimos autores un título, al menos sugerente, llamó mi atención. Debo confesar que de Delmira Agustini lo único que conocía era uno de sus no mejores poemas que había leído en mi adolescencia en una antología de Poemas de Amor, que mi madre me había regalado. Mi memoria recordaba su nombre, como el de otras poetas que marcaron mis sueños más románticos, pero ignoraba por completo que detrás de ese nombre había una historia apasionante. La lectura de la obra duró un tiempo que no podría definir con exactitud. Recuerdo que era domingo, hacía frío y estaba muy nublado, amenazando lluvia. Sé que comencé a leer tranquila, tomándome mi tiempo para incorporar los personajes, los datos históricos, y que terminé turbada, como una sensación extraña. Me había conmovido. El pulso se me había acelerado, y varias veces durante su lectura me había invadido el llanto y la pasión. La Pecadora me había arrastrado hacia su mundo, hacia el mundo de las evocaciones poéticas y la locura. Esa era la obra que buscaba, ya no tenía dudas... Quedaba una tarea: convencer a Lorenzo Quinteros para que se hiciera cargo de la dirección. ¿Le atraería a un hombre con tanta experiencia contar la tragedia de una poeta uruguaya que murió en plena juventud? Temí que rechazara mi propuesta, temí tener que guardar en mi cuerpo las tantas sensaciones que la obra me había regalado en su lectura. Como actriz no hay manjar mayor, pensaba... pero ahora esperaba su veredicto. Lorenzo leyó el material conmigo enfrente. ¿Sugestión?... no sé, pero surtió efecto. Dijo que sí. Lo primero que hizo fue contactarse con su autora. ¿Y si ella decía que no?... cuántos temores y cuántas ganas. Adriana Genta, del otro lado del teléfono se mostró feliz de que nuevamente un director de la talla de Quinteros la llevara a escena, ya que la obra se había estrenado aquí hacía 10 años. Adriana sabíaque Lorenzo le aportaría su arte. Sabía seguramente, que de la conjunción de un material escrito por una mujer y la dirección de un hombre, iba a resultar algo bueno. Se apostó a eso, y el proyecto tomó vida...

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